Desconfíe de los patitos

¿Cuál es la relación entre un par de botas y una bandada de patitos para la bañera? ¿Qué tienen en común los tejidos impermeables y las pieles sintéticas? ¿Y los revestimientos de vinilo y ciertas amalgamas dentales? En principio, nada, excepto la presencia de ftalatos, con el consiguiente peligro que estas sustancias químicas representan. Si bien es cierto que algunos ftalatos están prohibidos, esto no supone un impedimento.

Algunos fabricantes se ocultan tras la abundancia de normas y no tienen en cuenta aquellas que ya no son un tema de actualidad para producir, con menores costes, objetos peligrosos para la salud... ¿Cómo ver las cosas con claridad? Y sobre todo, ¿cómo protegerse?

Existen normas, sí,
pero se esquivan

Añadir plastificantes a base de ftalatos confiere al plástico, normalmente quebradizo, la flexibilidad, ductilidad y elasticidad deseadas. Por ello, su uso se ha generalizado, a pesar de que algunos de ellos están prohibidos en la actualidad, del mismo modo que el plomo, el amianto o el cromo hexavalente... En torno al 18 % de los 5 600 productos de consumo habitual testados en 2018 en los veintisiete países de la Unión Europea contenían sustancias sintéticas, fibras o metales pesados prohibidos por la reglamentación comunitaria. ¡Es una cantidad enorme! Aunque existan normas, el consumidor no las conoce. La confusión y, por tanto, el peligro, puede provenir del cumplimiento de normas que ya no están de actualidad. Así como de desviarse de ciertas normas. En particular, las normas menos exigentes para ciertos usos.

Nuestra salud se ve
amenazada

Con tres millones de toneladas al año en todo el mundo, los ftalatos están presentes, a distintos niveles, en todas partes de nuestro entorno cotidiano: cosméticos, pinturas, ropa, juguetes... Existe un alto riesgo de encontrarlos en artículos importados, especialmente de Asia, ya que los ftalatos poseen unas cualidades inigualables a un precio razonable.

Tres ftalatos (los DEHP, DBP y BBP) provocan alteraciones endocrinas, cuyos efectos nocivos, especialmente en el desarrollo neurológico, el metabolismo y la fertilidad, son más importantes cuando los individuos expuestos son jóvenes.

Menos del 0,1 % de
concentración

Existen una decena de ftalatos. No todos son sospechosos de provocar perturbaciones endocrinas. Algunos piensan que esto es debido a la falta de datos, pero la duda persiste. El Reglamento REACH relativo a las sustancias y preparados químicos peligrosos es preciso: los juguetes, por ejemplo, no pueden contener DEHP, BBP ni DBP en una concentración total superior al 0,1 % del peso del material plástico (entrada 51 del anexo XVII).

La Directiva Europea 2005/84/CE prohíbe otro grupo de ftalatos: los DINP, DIDP y DNOP. No se pueden utilizar como sustancias o compuestos de preparaciones con una concentración superior al 0,1 % de la masa del material plástico en juguetes o artículos de puericultura que los niños se puedan llevar a la boca.

Desgraciadamente, como ocurre con el bisfenol A (BPA), en ocasiones este se sustituye por un compuesto de la misma familia...

En este punto, hay que tener en cuenta que Belgo Prism no produce ningún objeto que contenga una cantidad de ftalatos superior al 0,05 % del peso total.

¡Abra bien los ojos!

Para el consumidor, esto presenta una gran complejidad. ¿Cómo lograr orientarse? Aunque la norma EN71-3/A1 ya no se aplica desde hace varios años, todavía va por delante para algunos fabricantes con pocos escrúpulos,a pesar de que no hace referencia a la búsqueda de ftalatos, sino a la migración de ciertos elementos (metales). Por lo tanto, de lo que se trata es de abrir los ojos.

¡Y tenerlos bien abiertos! Algunos competidores sin escrúpulos adoptan la determinación de ftalatos de acuerdo con la directiva 2007/19/CE relativa a los materiales y objetos de materiales plásticos destinados a entrar en contacto con productos alimenticios. Los valores se expresan en mg/kg de producto alimenticio. Pero, ¿qué interés hay más allá de los productos alimenticios? Lo que es más, las normas relacionadas con esta directiva son menos restrictivas que la determinación de los ftalatos según la norma EN14372, con la que BelgoPrism cumple.

El respeto de la
normativa

Para un plástico, se pueden respetar los requisitos de contacto con alimentos en cuanto a la determinación de los ftalatos sin cumplir con los requisitos de la norma para los juguetes (para niños menores de tres años) y artículos de puericultura, que es la más restrictiva, pues se dirige al público más sensible. ¡El cuerpo no es un saco de alimentos! ¡Y los juguetes sexuales no se utilizan con su embalaje! Las mucosas son permeables, los ftalatos pueden ser absorbidos por nuestro cuerpo. Recordemos que las mucosas vaginales tienen un pH de entre el 3,8 y el 4,5, por lo que se trata de un medio ácido que puede favorecer la absorción de ciertos elementos durante la penetración, en especial si se añaden ciertos tipos de lubricantes (aceites, emulsiones...).

Desde hace veinticinco años, Belgo Prism respeta las últimas reglamentaciones y fabrica sus productos según las únicas normas que están en vigor relativas a la naturaleza de los productos. ¡No se equivoque!